Cómo educar a un perro para que no ladre

Para comenzar, hay algo que es un hecho y es completamente natural: los perros ladran, y tienen distintas razones para hacerlo. Los ladridos son parte de su forma de expresión y su comunicación; y pueden ser un aviso de que una persona o un animal extraño se están acercando, la forma de expresar la emoción durante la hora de juego, lo hacen al esperar una reacción de algo o alguien, cuando tratan de alejar a un objeto o un animal desconocido, entre otros cuantos motivos.

A veces los ladridos de nuestros perros son buenos, especialmente cuando son un aviso de alerta. Pero a veces los ladridos parecen surgir sin razón aparente y continúan a pesar de nuestros intentos por detenerlos. Es en estos casos cuando debemos actuar para que nuestro perro deje de ladrar, y no precisamente para evitar que ladre, sino para controlar sus ladridos.

Los siguientes consejos te ayudarán a tener control sobre esos ladridos fuera de control.

Ignóralo

En caso de que tu perro ladre cuando lo colocas en su jaula o su cuarto, debes saber ignorar sus ladridos. Si le prestas atención cuando ladra sólo estás alentándolo para que lo siga haciendo. Al comenzar quizás te lleve tiempo, pero con paciencia, tu perro poco a poco dejará esos ladridos innecesarios

No lo toques, no lo mires, no le hables, no le prestes absoluta atención; si ladra durante media hora, debes saber tolerarlo, si comienzas a desesperarte después de 25 minutos y le gritas (lo cual él puede interpretar como un ladrido), tu perro sabrá que quizás le tome tiempo, pero finalmente, aunque sea después de media hora de estar ladrando, captará tu atención.

Una vez que se canse, será el momento de recompensarlo con una galleta; entonces sabrá que lo mejor es permanecer callado. Gradualmente sus ladridos durarán menos hasta que se controlen por completo.

Enséñale a permanecer callado

Otra forma de controlar los ladridos es, por irónico que parezca, enseñándole a ladrar, aunque realmente aprenderá a callarse. Para esto hay que ponerle su correa y hacerlo ladrar, ya sea estimulándolo con algo que suela provocar sus ladridos o imitando sus ladridos.

Cuando comience a ladrar se le debe decir “ladra”, y sólo se le deben permitir unos cuantos ladridos para posteriormente calmarlo con un tirón con su correa o colocándole una galleta frente a su nariz al mismo tiempo que se le dice “silencio”. Debes tener en cuenta que si utilizas un premio, como la galleta, no se lo debes dar inmediatamente después de que se calló, pues podría pensar que lo estás recompensando por ladrar. Espera algunos segundos y entonces lo premias.

Cuando comience a entender que debe ladrar y callarse después de darle una orden, sigue entrenándolo en un lugar en silencio y sin provocar sus ladridos más que con tu orden verbal. Y prolonga el tiempo de espera entre su silencio y el premio que recibe.

Ahoga el estímulo

A veces los ladridos pueden escalar y se necesita un interruptor para controlarlos. Cuando esto suceda, quizás si tu perro ladra dentro de la casa al escuchar el motor de una motocicleta pasar por la calle, ten a la mano una lata que contenga monedas o piezas de metal, el ruido que el golpe de la lata contra el suelo provoca es muy molesto para los perros. Si sus ladridos se salen de control, cuando no se de cuenta, deja caer la lata al suelo cerca de donde ésta; él se callará inmediatamente, y si te voltea a ver, actúa como si no supieras de dónde provino el objeto. Tu perro pensará que hay cosas ruidosas que caen del cielo cuando ladra.

Ejercicio

Y un último consejo muy útil. Mantén activo y ejercitado a tu perro. Cuando tu perro está cansado, difícilmente ladrará como consecuencia de frustración o aburrimiento. Sácalo a caminar, lánzale la pelota para que te la traiga, juega con él. Sin duda alguna, éste aspecto es uno de los más determinantes para controlar sus ladridos.

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